
¡Vaya sorpresas que nos trae Youtube!
Encontré sin querer el video de una de las presentaciones del 2do. Recital Chilango-Andaluz 2007
Porque uno sí tiene historias hermosas
Fue un miércoles en el CUC de Ciudad Universitaria. Recuerdo que hacía un frío horrendo. Recuerdo que platiqué con Natalia y Samia, antes de ser amigas entrañables. Recuerdo que abracé a mi estimado amigo Adán Medellín.
Recuerdo que estaba en el baño cuando me presentaron y tuve que orinar rápidamente para salir a leer. Recuerdo que un chico de rastas me ponía muy nerviosa, porque no dejaba de mirarme de forma retadora. Recuerdo que Samia, una hora después me lo presentó, su nombre: Ánuar Zúñiga, novel poeta mexicano. Recuerdo que sólo me fijé en un arete que tenía en la oreja derecha. Recuerdo que Natalia y yo quisimos invitarlo a tomar un café.
Esa noche llegué a casa con una cajetilla de cigarros Malboro y escuché un disco de Interpol.
Esa misma semana, el viernes, fuimos al cierre del Recital. Fue en el Pasagüero. Cuando llegué saludé a Natalia y Samia. Me presentaron a Tzitzi (esa noche nunca entendí su nombre). Platicamos un rato. Las cuatro discutimos sobre la delgadez del joven poeta Ánuar Zúñiga. Sí, éramos sus fans. Minutos después que él leyó sus textos, se acercó a nosotras para preguntarnos si nos había gustado lo que presentó. Las tres como niñas bobas adolescentes dijimos al unísono que "sí" (ahí escuché, el que después se convirtió en el feito éxito número uno: "Mundo Moderno"). Él me preguntó si asistíamos a algún taller. Le dije que no y salió la propuesta de tomarnos un café y armar algo (taller, tertulia, borrachera, yo qué sé). Bebimos un par de cervezas juntos. Todo fue risas, botellas, comentarios idiotas, música, etcétera. Al rato Ánuar nos invitó a todos a su casa. A la fecha recuerdo con obsesiva exactitud ese departamento. Recuerdo lo increíblemente limpio que estaba.
Ahí se hizo un grupito: Natalia, Ánuar, Jorge S., Samia, Tzitzi y yo. De pronto salió que Samia tenía nombre de bailarina exótica y que iba a grabar un infomercial en las ruinas de Tulum. Ellas se fueron a las tres de la mañana.
Nos despedimos con la promesa de vernos el miércoles siguiente para platicar lo del posible taller.
El miércoles siguiente Ánuar, Natalia y yo nos tomamos un café en el CUC, terminamos en el Papalotl (un café pintoresco donde no sirven Coca-Cola). De ahí surgió el horrible nombre Arteletra (de mi autoría, pido perdón) para el taller. Todavía conservo un par de notas respecto a los ejes del taller y las sarta de leladas que se nos ocurrieron. El taller consistiría en llevar textos y hacer ejercicios de escritura, una vez por semana, dos horas, en la tarde y además proponer lecturas de "grandes escritores".
Salimos del café y caminamos al metrobús. Pues fuimos a una lectura de Samia en un café de la Roma. Llegamos y estaba Tzitzi con un amigo. Cuando acabó la lectura, nos saludamos. Ella nos presentó a su amigo, su nombre: Jorge Posada. Él y yo nos odiamos inmediatamente. Terminamos en el Café París. Ánuar tomó un café con leche cargadísimo. Tzitzi, Samia y Posada compartieron un pan. Yo tomé un café con leche ligerito.
Salimos del lugar exactamente a las 12 de la noche. Ellos corrieron al metrobús. Yo me fui a mi departamento helado en la calle de Tabasco, ahí en la colonia Roma.
Nos despedimos con una sonrisa en los labios, un abrazo y la promesa de vernos el miércoles siguiente para el primer taller.
Sí, el miércoles siguiente nos vimos...
Meses después seríamos los Turno.
El resto ya lo saben.