20 ago 2012

La muerte de un hombre es como la caída de una poderosa nación




A veces te topas con locos que te roban los bolsillos.
A veces algunos locos te tiran el licor encima.
A veces te cortan la espalda y amenazan de muerte.
Algunas, pocas, te topas con el loco que decide publicarte un libro.

Cuando supe de Miquel Deya por primera vez, creí que era una broma. Después, como suelo hacerlo casi con todo, investigué y seguí pistas por las calles y edificios sospechosos. Di con él y nos encontramos, nunca cara a cara, pero no ha hecho falta.
Meses en los que hablamos de un punto aquí, una línea acá, el título no va así, la portada me gusta, cómo será tú biografía, en fin.

Meses en los que me conmoví, me extrañé, me sorprendí, me desconcerté, me dañé severamente el cuello y el dedo índice de la mano derecha, subí de peso, bajé de peso, me aquejó una bronquitis y vi la primera película en 3D de mi historia. En todo eso, Miquel siempre fue pieza importante de mi correspondecia.

¿Qué más, editor? Sólo nunca olvides que "Una casa es una ciudad".



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