5 mar 2009

PIEDRAS, MADRUGADA, ASTILLA, SALÓN LLUEVE DE DÍA


Horas larguísimas tendidos sobre la cama.
Yo jugaba con un universo dibujado en las cortinas de tu cuarto.
Tú tratabas de hacer lo imposible:el universo es una parábola y caminamos a través de él.

Difícil decirte que han pasado más años de los que puedo calcular,
que los momentos en que jugábamos desnudos intentando conocernos
tienen su resultado: pies, manos, vientres que evitamos tocar
porque quizá queramos olvidarnos de como se sienten estas tardes
donde la lluvia moja las sábanas de nuestra cama
rompiendo los hilos que ahora descubrimos para sostener
una habitación que perdió un techo con luces en el Oeste.

***

Postergamos para el anuario los paseos, las aventuras de piratas en una isla llena de patos
y ramas que algún incauto olvidó en su último viaje por el bosque.

Postergamos subirnos en lanchas con remos pesadísimos,
canciones en la cabeza que suenan cuando viras a la izquierda
y
adolescentes que faltaron a sus clases, familias que juegan a ser amigos.

Postergamos una mariposa dibujada en mi cara y un ticket que sólo nos permite una hora
para estar en medio del mar combatiendo piratas y animales salvajes.

***

Buscamos ardor en el estómago.
Buscamos una casa que sea nuestra.
Sin agujeros en las paredes o ropas ajenas.
Una casa que una vez por semana nos sirva de refugio
y juguemos a estar casados.

***

2 mar 2009

TELEGRAMA, RASTREO, SALÓN MIJAKELO


Un teléfono negro de los años cincuenta en una habitación.
En otro cuarto que habitamos sólo golpes en la cama
y una sombra detrás del armario.

Un sorbo de años que ya no nos pertenecen
porque fue tarde, porque ahora amanece
entre las ocho de la mañana y la una de la tarde.

Quisimos regresar a las calles con pintura fresca: verde-rojo toscano.
Volver y caminar con pisadas breves, casi imperceptibles.

Veinticinco años sin nadie, sin rupias que ganar
o saltos en una patineta que nunca fue mía.

Hay pintas en las puertas de los baños de la escuela secundaria
donde nunca tuve amigos de verdad, donde fui la niña gorda
que se enamoró del chico más guapo,
donde reprobé matemáticas en tercer grado,
donde no he vuelto para charlar con mis maestros
y decirles que ahora vivo en un departamento
que tiene un muro pintado de rojo.

Hay golpes que evitamos dar,
matrimonios de los cuales huímos,
mujeres que nunca se enamoraron de nosotros,
llamadas que decidimos no gritar o voltearles la cara
para saber que se siente no despertar
no saber qué sería de ti y de mi
sino colocáramos bombas en todos los edificios.


23 feb 2009

En busca de la canica morada


Una canica que se coloca en la casilla número uno. La siguiente en la casilla dos, posteriormente ota logra llegar a la casilla número seis y para completar el juego sólo hace falta que las dos canicas restantes puedan llegar a la casilla cinco o que nuevamente caiga en la seis.

Arruino el juego porque decido robarme las otras dos canicas y echarme a correr; logro esquivar el carrusel y el subibaja amarillo. Corro y descubro que nadie me persigue, que estoy en una calle que no está cerca de mi casa ni de casa de uno de mis amigos, los que decidieron viajar una noche a Brasil y no volver jamás.