10 jun 2009

COSTA SIN MAR: DEPARTAMENTO DE ROPA PARA DAMA






Arder.

Escribirte frases que resbalen como arena en los pies de una niña de once años, que contempla el violento mar.
"Se soltaron porque sostenerse era cazar al cocodrilo que dormía en la sala."


Arder.

Recuerdo a un hombre sentado en un sofá café, con una maleta llena de libros y ropa sucia, que al abrir la puerta me abrazó y dijo "somos los únicos dos que quedan del Turno". Esa noche dormimos abrazados, aunque hacía calor.

Arder.

Le diría a ese hombre: "Todo fue por ti". ¿Qué es todo? La rama de un árbol de jacarandas, los pies hinchados de tanto caminar, Nocilla Dream, la mujer que despierta en un viejo cuarto de hotel y está sola, los hermanos que al nacer fueron separados, los amigos de la cuadra.


Arder.

Sólo un hombre dejó huella en el departamento donde sigo, sin mucho afán, viviendo. Ese hombre hablaba conmigo todas las noches, horas larguísimas, diría él. A veces llorábamos, otras bromeabamos, algunas reñíamos cariñosamente, las muchas, hacíamos el amor a las cuatro de la mañana, cansadísimos y muertos de risa.

Arder.

No perder el tiempo: ser un hombre gris, un escritor gris, un cantante de Sanborns, un beisbolista retirado. Ser una huella que nadie recuerde, un quizá, un pude pero salí huyendo.

Arder.

Ese hombre que recuerdo, cuando en la casa rara vez alguien ríe, ahora no habla conmigo. Invento conversaciones con él. No imites diálogos de París Texas, me diría con una sonrisa estúpida.
En esos diálogos, él y yo hablamos de Teillier. Del verano y el otoño que soñamos con ir de viaje a Tánger.
También hablamos del oficio, que por mala gana nos dio por aprender. Ser un burócrata de la literatura, le diría. Él recordaría la vez que casi acabamos un poemario.

Nuestra historia se reduce a esta pequeña caja azul llena de fotografías.


Arder.

Me quemé. Dejé por la literatura a ese hombre. Lo dejé dos veces. Lo primera, para completar una historia que ya había terminado. La segunda fue la más mezquina: sacrificarme para que el orden tomará su curso nuevamente. La segunda fue por la literatura. La definitiva, hermano.

Arder.

Nunca nadie nada.
Juro nunca hablar de los domingos desnudos mirando películas, muertos de miedo y hambre. Juro nunca hablar de las noches larguísimas donde sólo éramos tú y yo debajo de las sábanas golpeando la pared, porque el chiste que habíamos hecho era buenísimo.
Juro nunca hablar de nuestra amistad. De aquella mañana que llegaste a casa porque yo había terminado con mi novio y me abrazaste y preparaste huevo.
Juro nunca hablar de que nos vimos, en la oscuridad nos vimos. Y te escondiste en mi casa y yo me escondí contigo, porque eras mi hermano mayor y creíamos que debajo de la mesa las bombas no nos destrozarían.
Juro nunca hablar de nada.

Arder.

Habitar muchas casas para después bombardearlas.



9 jun 2009

NIÑOS HÉROES/LÍNEA VERDE



1

No existe nada igual que Catalina cuando fuma: no aleja el cigarro de los labios, cierra un ojo y con el otro observa detenidamente a su receptor, mientras ordena un par de estuches con municiones.
- Esta noche saldremos a pasear a los perros, dice.
- Llevo once sesiones de manejo y todavía le hago de copiloto, le respondo.
- Ocho minutos entre bajar del automóvil, saludar a los dependientes, tomar dos botellas de ron, matar a Lucía, dar condolencias, salir, abordar el coche y regresar a casa para brindar. Eso es todo, si no te sincronizas, te vuelo la tapa de los sesos, responde.

2

Saliste corriendo del Oxxo que está cerca de tu casa. Resbalaste a mitad de la avenida, como víbora te arrastraste rápidamente para llegar a un automóvil verde. Te recargaste en una de las puertas y lentamente lograste caer sobre el pavimento. Dentro de la tienda un par de mujeres cincuentonas eran violadas por los dependientes de la tienda. Bajaste el cierre de tu pantalón y te masturbaste por tres minutos. Fue la venida más espectacular después de aquella vez que hiciste el amor en el concierto de Metallica.

3

Vendo camioneta roja con dos llantas desinfladas y asientos de piel.
Sin verificación y un par de bolladuras en el toldo.
Interesado pedir informes con el de la tienda.

***


8 jun 2009

Borrador


Caminaré por esta ciudad como cuando tenía quince años.
Habrá en ella escapes de automóviles y señoras embarazadas.
Todo será un ruido denso que se confundirá con llamadas telefónicas
que haré afuera del metro.
Números desconocidos, sonámbulos que a mitad de la noche
desconectarán sus teléfonos;
como si la ciudad supiera que soy yo quien la llama.

Una caminata larga y aburrida para llegar a casa.
Sentiré el cabello húmedo por el sudor
que la noche enfría con su aire altivo.

Soportaré el miedo de los asaltantes que me miran con delicadeza,
con ansiedad de vampiro y labios saturados de licor.

Traicionaré sus calles, como aquel día
que doblé en una esquina y me vendí por un par de cigarrillos.