Los últimos días he escrito mucho acerca del verano. Hice millones de versionesde un artículo para una revista electrónica, el tema: verano. Finalmente aceptaron la versión menos clara y extensa. En fin.
Crecí con la idea gringa del verano; ideas del primer amor o del amor de verano, chicas dorándose en la playa, cuerpos perfectos; risas, aventuras extraordinarias, amor,amigos; calor, comida, cervezas y música.
La televisión me educó, aprendí casi todo lo que sé de programas como Los Años Maravillosos (más de ese capítulo excepcional donde Kevin ve a sus amigos irse de vacaciones y en el suburbio sólo quedan él y Winnie. Los papás de ella realizan su parrillada veraniega habitual, con la única diferencia, ese año el hermano de Winnie está muerto, caído en Vietnam). Aprendí cosas de amistad, de cómo los hijos crecen y los padres se vuelven más sentimentales. A la fecha mi padre me dice que siempre habrá una luz encendida en su casa. Y claro nunca me regalará su mochila del ejército que lo acompañó en la Guerra de Corea, pero me ha dado un par de sus discos, algunas de sus corbatas y suéteres que uso de vez en cuando. Cosas significativas, supongo.
No sé qué decir del verano. Todos mis veranos han sido explosivos. Éste, por ejemplo, está lleno de encuentros y despedidas, de trabajo y proyectos rarísimos que me entusiasman sólo por el principio de experimentar. Haré un programa de radio nuevamente y preparo el guión para un largometraje. Deseché la idea de un poemario y comencé los avances de otro que si no les gusta es porque están muertos. Tomaré clases de baile y decidí aprender a nadar. Un tatuaje en el brazo y la firme idea de salir del país. Cortarme el cabello (y comienzo a sonar como libro de autoayuda). Probé comida que no imaginaba que fuera posible su existencia. Entendí que escribo mal, pero todavía hay cosas que quiero decir. La beca casi termina y buscaré empleo, esta vez no seré exigente. Me emociona la idea de un empleo nuevo, el que sea.
Paso mucho tiempo sola. El tiempo libre me permite tontear. Mi esposo se ríe cada vez que llego a casa y le cuento cosas que vi en la calle. Me dice que parece que yo siempre estoy de vacaciones por la ciudad. Paso mucho tiempo callada, ese es el único contra de todo esto, eso y la ansiedad de algunos días, los amigos de los que me alejé y las ganas de rasguñar.
Unos meses más de verano y estaré oficialmente fuera de ese lugar.