SE SOLICITA ESTILISTA CON EXPERIENCIA. REQUISITOS: 1.70 DE ESTATURA, DELGADA Y TONO DE VOZ AGRADABLE
Sospecho que en mi habitación se cometió un crimen.
No recuerdo quién colocó en la puerta la cinta de "Precaución".
Todo el cuarto está desordenado.
Huele a colillas de cigarro.
Hay una botella de ginebra vacía.
Un bote de basura con envolturas de chocolate.
Siete botellas de plástico enfiladas en la ventana.
Afuera un perro canta un Son Jarocho.
Afuera es miércoles y llueve igual que todos los días de la semana.
***
Junto al sofá una pelota gigante hecha de periódicos con fotografías de asesinatos.
***
Una mujer envuelta en periódicos con imágenes de personas muertas. La mujer no tiene frío, no piensa dormir en la entrada de algún metro o en un parabús.
El fotógrafo le indica que juegue a convertirse en criminal, en asesina. El fotógrafo le pide que se agache, de vuelta, perfil izquierdo, derecho. Ella sonríe, pero el fotógrafo no puede verle la cara.
(Es demasiado miedosa para matar al gato que duerme sobre el televisor o salir por las noches y desahogar el odio que sentía cuando las monjas de la escuela primaria, la obligaban a sacar punta a los lápices de sus compañeras de clase.)
El fotógrafo jamás sospechará que ella piensa en sangre que corre sobre el pecho de un niño de cinco años; quizá por eso acuchilla el muro blanco que les sirve de fondo en la sesión fotográfica.
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No recuerdo quién colocó en la puerta la cinta de "Precaución".
Todo el cuarto está desordenado.
Huele a colillas de cigarro.
Hay una botella de ginebra vacía.
Un bote de basura con envolturas de chocolate.
Siete botellas de plástico enfiladas en la ventana.
Afuera un perro canta un Son Jarocho.
Afuera es miércoles y llueve igual que todos los días de la semana.
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Junto al sofá una pelota gigante hecha de periódicos con fotografías de asesinatos.
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Una mujer envuelta en periódicos con imágenes de personas muertas. La mujer no tiene frío, no piensa dormir en la entrada de algún metro o en un parabús.
El fotógrafo le indica que juegue a convertirse en criminal, en asesina. El fotógrafo le pide que se agache, de vuelta, perfil izquierdo, derecho. Ella sonríe, pero el fotógrafo no puede verle la cara.
(Es demasiado miedosa para matar al gato que duerme sobre el televisor o salir por las noches y desahogar el odio que sentía cuando las monjas de la escuela primaria, la obligaban a sacar punta a los lápices de sus compañeras de clase.)
El fotógrafo jamás sospechará que ella piensa en sangre que corre sobre el pecho de un niño de cinco años; quizá por eso acuchilla el muro blanco que les sirve de fondo en la sesión fotográfica.
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